Cómo cuidarse
Cuidarse uno mismo.
Una parte importante de cuidar a otras personas es cuidarse uno mismo. Mantenerse activo, motivado, saludable, en contacto con amigos e interesado en actividades debería ser una parte central de su vida.
Para realizar un buen trabajo cuidando a otra persona, primero debe cuidarse usted mismo. No ignore sus propias necesidades y sentimientos. Coordinar las citas con los médicos, administrar medicamentos, bañar, levantar, trasladar, vestir, alimentar, acompañar al baño y manejar las actividades relacionadas con la incontinencia pueden no dejarle mucho tiempo libre, pero su salud física y mental es de gran importancia. Al cuidarse a sí mismo, tanto física como emocionalmente, podrá brindar un mejor cuidado al otro.
Emociones normales.
La respuesta de cada persona a su situación única en relación a la persona que cuida es diferente. Quizás usted sea un cuidador de medio tiempo que periódicamente brinda ayuda o quizás esté cuidando a una persona de tiempo completo. Quizás reciba ayuda de otros miembros de la familia, o esté atravesando este momento solo/a.
Muchos cuidadores dicen que se dividen entre el amor, la satisfacción por el cuidado que brindan, y el resentimiento porque estas responsabilidades tienden a limitar otras actividades. Estas emociones encontradas son una parte normal de cuidar a otras personas, pero pueden llevar a sentir culpa y estrés o al agotamiento emocional. Convertirse en cuidador es un profundo cambio de estilo de vida. Lleva tiempo acostumbrarse a una nueva rutina y a nuevas responsabilidades. Felicítese cuando realice un buen trabajo, pero también permítase un descanso de vez en cuando.
Combatir el agotamiento.
Trate de tener tiempo libre cuando cuida a otras personas. Esto significa que tendrá que organizarse pero, a pesar del tiempo y esfuerzo que implica, lo vale. Considere estas opciones.
Ayuda de la familia.
No tenga miedo de pedir ayuda. Siéntese con los miembros de la familia y comprométalos a:
• Tareas específicas.
• Horarios específicos en los que podrán ayudar.
• Días específicos en los que podrán ayudar.
Intente tener los compromisos en papel. Necesita saber exactamente qué tipo de ayuda puede esperar. Cuando los compromisos son vagos, es probable que haya malos entendidos. Organice una reunión familiar cada tanto para ayudar a los otros miembros de la familia a entender la situación y que se involucren en el cuidado.
Si los miembros de la familia no pueden físicamente ayudar con el cuidado, sugiera que contribuyan pagando cuidado auxiliar, una persona para que cocine y limpie, o alguien para que ayude a bañar, alimentar, vestir, acompañar al baño o a levantarse a la persona que cuida.
Ayuda de los amigos.
Acepte la ayuda de sus amigos. Mantenga una lista de trámites y tareas que deben realizarse. Ésta puede incluir:
• Hacer trámites: pagar los impuestos y servicios, hacer las compras, llevar la ropa a la lavandería, etc.
• Cocinar.
• Limpiar la casa.
• Cortar el césped.
• Rastrillar hojas.
Cuando un pariente o amigo dice "Decime cómo puedo ayudarte", saque la lista y compártala con ellos. A los verdaderos amigos les gusta saber que sus esfuerzos contribuyen.
Cuidado auxiliar.
El cuidado auxiliar ofrece a los cuidadores un descanso de las responsabilidades del cuidado. También les brinda la oportunidad de asistir a un grupo de apoyo, salir a almorzar con amigos, ir al cine o pasar tiempo solo/a. Se pueden contratar cuidadores privados que vayan a la casa desde unas horas hasta un día completo.
Si necesita más tiempo, fíjese si hay hogares o residencias comunitarias en la zona.
Organizaciones de asistencia médica domiciliaria.
Si la persona que cuida todavía vive en su propia casa pero lo necesita para que lo ayude todos los días con los medicamentos o las comidas, considere un ayudante o compañero para que ocasionalmente lo reemplace.
Hogares de día para adultos.
Los hogares de día para adultos pueden ser una opción. Le brindan a la persona que cuida la posibilidad de sociabilizar con otros y cambiar de ambiente mientras temporariamente lo releva de sus responsabilidades. Muchos hogares ofrecen el traslado, actividades grupales y comidas. Visite los hogares en su área y decida cuál es el que más le gusta.
Otros tipos de ayuda a considerar.
• Utilice un servicio de comidas a domicilio. Contacte a su obra social para saber qué servicios hay disponibles en su área. Sin embargo, generalmente estos servicios son brindados por voluntarios y no se entregan comidas todos los días.
• Utilice una farmacia con entrega a domicilio gratuita.
• Su iglesia o sinagoga puede tener voluntarios que lleven a los pacientes al médico o que vayan a su casa para ayudarlo.
• La escuela secundaria o el instituto terciario de la zona puede tener programas diseñados para darle créditos a los estudiantes que quieren aprender a cuidar a los enfermos, discapacitados y/o ancianos como parte de sus estudios.
Únase a un grupo de apoyo.
Conozca a otros cuidadores y comparta sus sentimientos con personas que experimentan una situación similar. Participar en grupos de apoyo reduce el estrés, permite que intercambie experiencias, y mejora sus habilidades como cuidador. Compartir las estrategias que utiliza para sobrellevar la situación con un grupo ayuda a otros y a usted mismo.
Manténgase saludable.
Su salud afecta todas las áreas de su vida y su habilidad para sobrellevar las tareas que implica cuidar a otra persona. Cuidarse a sí mismo es importante e incluye:
• Buscar señales de depresión.
• Llorar las pérdidas y tener nuevos sueños.
• Salir y ejercitarse al menos una vez por semana.
• Comer tres comidas balanceadas por día.
• Dormir entre al menos siete y nueve horas por noche.
• Hablar con o visitar al menos tres amigos o parientes de forma regular.
• Mantener citas médicas y dentales anuales.
• Aprender a expresar sus sentimientos a miembros de la familia, amigos o profesionales.
• Evitar los comportamientos destructivos como comer y tomar de más, fumar o consumir drogas.