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La importancia de la familia en la vejez.

La familia es un elemento clave para determinar la calidad de vida durante el proceso de envejecimiento. Es una red social de apoyo fundamental dado que durante esa etapa de la vida se reduce la actividad social extra familiar.
Investigaciones realizadas durante los últimos años dejan en claro que la relación entre bienestar y familia es básica.

Esas relaciones, basadas en la solidaridad intergeneracional, ayudan a reducir el estrés patogénico de los ancianos y a reforzar su seguridad actitudinal prolongando así su existencia. Es decir, la familia es el mayor contribuyente para la calidad de vida, a la vez que fuente de ayuda, compañía, cuidado y respeto para la personas de avanzada edad.

Sin embargo, la continuidad de la familia supone una progresión multigeneracional, y con ella, diferentes intereses y demandas que comprometen la convivencia armónica. Esas tensiones en el seno familiar pueden afectar a los mayores de 60 años en su estado emocional, bajando así sus niveles de satisfacción.

La funcionalidad de la familia está basada en la continuidad, lo que implica que los hijos adultos asuman determinadas responsabilidades frente a los padres y sus reclamos de cuidados y atención. La familia se vuelve disfuncional cuando se altera el equilibrio entre las demandas vitales de sus integrantes provocando una desestabilización de la convivencia. Con esas tensiones aparecen sufrimientos y angustias.

Uno de los temas más críticos es la dependencia. Esta afecta de manera importante la relación con los hijos porque se produce una inversión de roles. Sin perder la condición de padre, el anciano se enfrenta a una nueva relación conflictiva y extraña en la que nunca llegará a definirse como el hijo de su hijo.

Si se presenta la enfermedad o sobreviene una incapacidad, el conflicto adquiere un carácter distinto. En ese caso es vital una reorganización de la familia de manera de poder enfrentar la situación de la mejor manera. Siempre es aconsejable buscar ayuda profesional para orientarse y enfrentar las posibles eventualidades.

Mediante un estudio de las relaciones que se dan entre el anciano y su núcleo familiar se pueden detectar vulnerabilidades y solucionar o evitar problemas. El trabajo en y con la familia constituye un instrumento privilegiado e imprescindible. La permanencia del anciano en su marco de vida es un factor beneficioso que contribuye a conservar sus capacidades tanto físicas como psíquicas.

Es bueno saber que a pesar de todos los problemas que puedan surgir, la familia sigue siendo el mejor punto de apoyo para sobrellevar la vejez. Recordemos que ella es la principal proveedora de atención y cuidados, como así también la fuente de sostén que prefieren los ancianos. El valor de los afectos familiares es superior a cualquier otro y eso es importantísimo para que ellos puedan tener una calidad vida con el bienestar que se merecen.
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