El culto por los automóviles antiguos, clásicos y modernos, se da en todas partes. Los amantes de los coches ven en ellos mucho más de lo que percibimos quienes consideramos que estos son un medio de transporte, básicamente. La relación de cualquiera de los millones de apasionados propietarios con sus vehículos alcanza niveles especiales. Creo no exagerar al decir que el carro es para muchos casi un miembro más de la familia y como tal, se le da el lugar y la atención que requiere. Los afectos, desde luego, difieren: unos se aferran a marcas, otros a los modelos, unos más a las especificaciones técnicas de desempeño, a sus características de operación, a sus detalles únicos, y otros, a la comodidad que brindan o a los desarrollos de última generación en asuntos de seguridad, por ejemplo.

La nostalgia es otro de los motores principales de esta afición. Nombres como: Volkswagen Tipo 1, Vocho o Escarabajo (el automóvil con más tiempo de producción en la historia: 1938-2003), Lincoln Continental 1947, Oldsmobile 1955, Buick Roadmaster, Ford Mustang 1965, Peugeot 404, Ford Maverick 1969, Renault Torino 1975, BMW 315, entre cientos, evocan épocas de sorprendentes avances en la industria especializada y nos regresan en el tiempo al coche de los abuelos, al vehículo de recién casados de nuestros padres, a las naves maravillosas de las películas que vimos de niños o del vecino innovador del barrio, y posiblemente, a nuestro primer auto.La humana tentación de inmortalizar la historia hace que persista el interés en estas máquinas y que millones de individuos prefieran tener y conducir estos carros sobre otros más modernos.

Súbase a la caravana, que no va solo; su pasión por los automóviles es compartida alrededor del mundo. Disfrútela y siéntase orgulloso de ella. Manéjela, textualmente. Celébrela y compártala, porque ser dueño de un antiguo, un clásico o un último modelo, además de ser útil y muy divertido, brinda otras grandes satisfacciones en la vida.

 

Mauricio A. Salas