Sus planes, empero, coincidían: ascender a la cima del Aconcagua (6.960 m s. n. m.), en Argentina, la mayor altura de América y el pico más elevado de la Tierra, después de los Himalayas. Sorprendidos con la apariencia del austriaco, los andinistas indagaron y Skyrunner –"El corredor del cielo", como se conoce a Stanglsimplemente dijo: "quiero subir y bajar en cinco horas". Desconcertado, el grupo se alejó en silencio. El tiempo del singular deportista fue de cuatro horas y 25 minutos, para un trayecto que los escaladores harían en tres días.

¿Qué mueve a las personas a perseguir y alcanzar metas como las de Skyrunner? ¿Deberían nuestros planes seguir el mismo compás y metodología? ¿Estamos trabajando convenientemente para el logro de nuestros propósitos? Con el paso de los años nos hacernos preguntas de este tipo y si llevamos una existencia medianamente normal, a estas alturas ya entenderemos que las razones para acometer nuestras empresas de vida son variadas, únicas y deben estar acorde con lo que esperamos obtener. Cada quien tiene sus cimas y escoge el atuendo y la técnica que mejor se ajuste a su necesidades, camino y gustos. Básicamente, confiamos en acertar en nuestras elecciones, esperando que el proceso sea exitoso y el trayecto gratificante.

Con facilidad asociamos el concepto de luchar por obtener logros con el de ascender a una cumbre en la distancia. El ejercicio de caminar hasta la cresta (correr, para algunos) implica más que esfuerzo físico; demanda: claridad en los objetivos, voluntad, optimismo, preparación, inteligencia, sentido de orientación, creatividad para encarar y vencer obstáculos, paciencia, fe en la misión propuesta, entre otros. Subir a lo más alto tiene costos, desde luego, pero igualmente recompensas: la extraordinaria vista desde arriba, el recuerdo intenso del camino recorrido, la grata sensación de estar vivos y una profunda satisfacción de haber sido capaces de obtener lo que nos propusimos. Una vez allí, todo se ve diferente y bien vale la pena disfrutarlo, antes de iniciar el descenso. Llegar a la madurez –para la que no existe edad ni definida ni obligatoria– es similar a coronar las alturas y quedar con ganas, arrestos y lucidez para emprender el regreso.

El Aconcagua fue la parada inicial de "Las siete cumbres", el tour que entre 2.002 y 2.007 condujo de ida y vuelta a Christian Stangl, en 58 horas 45 minutos, a la montaña más alta de cada continente. Otros escaladores emplean un promedio de 500 horas en la travesía. En esto, como en la vida, cada quien va a su ritmo, obedeciendo a los propósitos, requerimientos y capacidad de turno. Vivir, pues, exige adoptar un paso, rápido o lento, pero siempre con los ojos puestos en ese cielo particular al que queremos llegar, he ahí la clave. Y para esto, cualquier tipo de indumentaria y calzado es opcional.