Por ejemplo, hoy, un domingo normal y frío de final de año, sin tener mayores planes en mente, me levanté, tendí la cama y organicé el cuarto, llamé a mis padres, desayuné algo ligero, lavé y puse en su lugar la loza, ojeé el periódico mientras escuchaba música, me vestí con ropa deportiva y salí a montar en bicicleta; en la ruta encontré a una amiga y pedaleamos juntos, nos detuvimos en un parque a tomar jugo y a oír un grupo musical callejero, conversamos con unos conocidos que llegaron al lugar, retomamos camino, regresé a casa, me duché y vestí, hice café, realicé un par de llamadas más, encendí el computador, revisé mensajes y heme aquí, a la 1:00 p. m., comenzando a escribir. Parecería que no he hecho nada.

Si alguien llegara a preguntarme mañana qué hice ayer antes del mediodía, quizás respondería lo dicho o a lo sumo: «salí a montar en bicicleta». Y todo lo demás, ese cúmulo de eventos que viví, ¿qué? La sensación de no hacer nada o nada que "valga la pena", quizás provenga de la costumbre que tenemos de registrar como importante únicamente aquellas cosas que se salen de lo común, de la rutina; lo otro, se considera hechos irrelevantes, insignificantes. Si empezamos a mirar de otra manera estas actividades, si las hacemos conscientes y les asignamos la relevancia que tienen, es probable que aprendamos a vivirlas más, a disfrutarlas y que algunas adquieran rango de extraordinarias. Al mejorar nuestra conexión con lo que vivimos, por simple que sea, nos hacemos presentes de verdad y sucesos que desestimábamos por ser "nada", se vuelven inapreciables.

Y usted, ¿qué cosas tiene pendientes? Posiblemente sí se ha hecho esta pregunta y se la repite con frecuencia. Claro que es normal querer visitar ese lugar exótico favorito, decidir –por fin– ir a comer al restaurante de sus sueños, asistir al concierto de ese cantante que no han visto en vivo, ir al partido de su equipo predilecto que juega en la ciudad donde hoy vive, y otras cosas más. Pero también puede tener en mora realizar actividades como: enlistarse en el grupo de voluntarios que respalda de corazón, iniciar una campaña de limpieza ambiental y reciclaje en el colegio de sus hijos, comprometerse a visitar a sus amigos con más frecuencia, apoyar un grupo de profesionales jóvenes con ideas altruistas, dejar de fumar, comenzar a hacer ejercicio con regularidad, comer más saludablemente, ser más tierno con su pareja, leer más y mejores libros, etc.

Actúe sobre lo pendiente. Conéctese efectivamente con lo que esté haciendo y vívalo con intensidad, para que no se le vuela algo más que no ha cumplido y deba ponerlo en la categoría de aplazado y por hacer. Y aquello que ha soñado, desea o siente que quiere realizar, asúmalo con ganas y esfuércese para que ocurra, porque el mañana siempre es y será incierto.

 

Mauricio A. Salas