En noviembre de 2014, tuve el privilegio de juntarme con un grupo de compañeros de colegio, a celebrar otro aniversario más de graduación escolar. Al evento asistimos un 60% de quienes fuimos amigos de infancia y recibimos el ansiado diploma, luego de 12 años de estudio, hace ya más de 30 años. El encuentro fue coordinado por un pequeño y generoso equipo que se ha ocupado en promover y mantener la unidad entre nosotros. La celebración, acordamos, se hizo sin las familias respectivas, para estar en condiciones óptimas de dialogar, conocer sobre nuestras vidas actuales y recordar lo vivido en aquella trascendental etapa. El éxito del evento fue indudable y me arriesgo a decir que la mayoría –incluidos algunos de los que no asistieron por varias razones– confiamos en repetirlo y reavivar nexos en un futuro próximo.

 

La dinámica de la vida hace que la gente tome rumbos particulares: los amigos de la niñez y la juventud parten a forjar sus destinos, mientras nosotros hacemos lo propio. Volver a encontrarnos con esas personas queridas es una experiencia gratificante que amerita celebración. Hay múltiples formas de hacerlo, al aire libre o en recintos cerrados. Una alternativa ideal, si se busca congregar a los amigos junto con sus familias, son los paseos, festejos y asados, tertulias recomendadas para compartir en el campo. Estas reuniones permiten el reencuentro al calor de la comida, un refresco, una cerveza fría o un vino, música, una chimenea y actividades que invitan a gozar, conocer a nuevos miembros de este grupo extendido y ponerse al día con una historia suspendida en el tiempo y los afectos.

Otra buena opción para juntarse de nuevo con ese amor verdadero que son los amigos, puede ser un evento deportivo, ya sea como jugadores o espectadores. La cita puede darse para presenciar o participar de una partida de béisbol, fútbol, golf, basquetbol, etc., o para vincularse a un grupo o evento de atletismo, natación, ciclismo u otra práctica. El deporte es un excelente espacio para renovar vínculos, compartir experiencias y retomar historias vividas años atrás. Las actividades culturales y artísticas abren también una estupenda opción para veladas de este tipo. La visita a una exhibición de arte, a la zona histórica del sitio donde viva, a un museo, a un concierto, puede también convertirse en excusa perfecta para reactivar el aprecio y los fuertes lazos que le unen a sus compañeros de andanzas de tiempo atrás.

 

El mejor pretexto para reunirse con sus amigos del ayer es juntarse y disfrutar de ellos. No lo deje para después, busque la oportunidad y hágalo con quienes estén a mano. La vida pasa a ritmos frenéticos, da giros insospechados y hay que ganarle la partida. Vaya, encuéntrese con ellos; verá cómo el afecto, a pesar de muchas cosas, puede permanecer intacto. Ah y no olvide llevar memorias y fotos.

 

Mauricio A. Salas