En nuestros días se ha masificado y se da por razones estéticas, eróticas o por concepciones distorsionadas sobre higiene íntima.

Sin embargo, desde el punto de vista biológico, el vello genital tiene importantes funciones: es la primera barrera para proteger los genitales de los agentes nocivos externos tanto físicos como biológicos, facilita la evaporación de la humedad genital, disminuye el trauma que se produce durante las relaciones sexuales y tiene también la función de diseminar las feromonas.

A cualquier edad, el remover el vello genital puede generar entonces diversas alteraciones como foliculitis, es decir que el folículo piloso se daña y luego se infecta. Por otra parte, el vello cuando se rasura, puede curvarse hacia la piel e “incrustarse”. También se pueden producir alergias, quemaduras, cortaduras, infecciones, aumento en la pigmentación de la piel de esta área o cicatrices permanentes, obstrucción de las glándulas sebáceas o sudoríparas, además de aumento del riesgo de tener flujos vaginales recurrentes.

Luego de los 50 años la piel de la zona íntima se deteriora debido a la menopausia. La falta de estrógenos hace que se torne más delgada y que pierda grasa, que haya resequedad. También es más frecuente que se presente incontinencia urinaria y por lo tanto, mayor riesgo de irritaciones en esta área. Es por todo esto que después de los 50 años, todas las alteraciones que produce la depilación y que ya mencionábamos antes, se van a dar con mucha mayor frecuencia.

Como consecuencia de lo anterior, no es recomendable la depilación después de los 50 años. Podemos cortar el vello pero NO quitarlo completamente.