Cuatro de cinco habitantes latinoamericanos viven hoy en centros urbanos, según el informe "Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe" (ONU-Habitat, 2012). Aunque la región cuenta con un vasto territorio para acoger a su gente, el proceso de aglutinamiento en estos centros se aceleró –por razones diversas y de manera caótica– durante los últimos 60 años. Ningún otro sitio del planeta, dice el reporte, muestra niveles de migración del campo a la ciudad tan altos. La vida de las poblaciones de América Latina se desplazó a las urbes, provocando cambios inmensos.

Vivir, en cualquier parte y momento, tiene sus bemoles y alegrías. Lo que hemos dado en llamar "vida moderna" no es tarea fácil. La "vida antigua", pensándolo bien, parece que tampoco lo fue y con respecto a la de mañana, ya llegará con sus beneficios y cargas. No hay tiempo ni lugar perfectos; las condiciones de la existencia, sus características, su esencia misma, hacen del ser y estar en el mundo una compleja, ardua y maravillosa experiencia. Nuestro recorrido por esta tierra no tiene que ser fácil para que valga la pena y entre las cosas que lo hacen viable está: el transitar con la persona indicada, esforzarse por disfrutar del viaje y vivir en un espacio que nos ayude a ser felices.

Un recurso al que acudimos para manejar nuestros días y encontrar equilibrio en este correr incesante, es visitar lugares que nos reconecten con lo que consideramos importante y nos brinden paz y felicidad. El ritmo y la intensidad propios del estilo de vida que sobrellevamos, especialmente quienes residimos en centros urbanos, nos mueven a buscar opciones para huir de los afanes del hoy, el ahora y el ya. Las ventajas de la vida "civilizada" de las ciudades tienen precio; por ello, una escapada a un buen refugio –un bosque, la finca, un sitio alejado del ruido y la contaminación– son joyas que los ciudadanos del mundo actual apreciamos cada vez más.

Nuestros lugares predilectos pueden ser de otra naturaleza también: el arte, la música, la lectura de una novela, la contemplación a través de una ventana, armar un rompecabezas, escribir un poema, correr alrededor del lago, entre otras opciones, todas ellas perfectas para la recreación y el solaz. La mente y el espíritu humanos nos abren estas posibilidades para retirarnos de lo duro que es a veces el estar acá y para reconstruirnos de adentro hacia afuera.

Aproveche los sitios que tenga para escaparse, para fugarse, para rehacerse. Sin importar dónde viva, de vez en cuando deje atrás el mundanal ruido y el afán y visite "su lugar aquel", su escondite ideal; saque el tiempo y hágalo físicamente o en su cabeza y corazón. Usted ya conoce los resultados, así que Bon Voyage.