Ambas tienen orígenes y tratamientos diferentes, sin embargo es común que las dos estén presentes en la misma persona. Hoy nos concentraremos en cuáles esfuerzos físicos o qué condiciones pueden generar mayor incontinencia urinaria.

La frecuencia con la que ocurre la incontinencia urinaria de esfuerzo aumenta con la edad y está directamente influenciada por factores físicos como, el número de partos y la vida del parto en la mujer; aunque también se ocasiona por la pérdida del efecto de las hormonas, como en la menopausia, que genera cambios en la calidad de la piel y los tejidos, a lo que se conoce como atrofia. Estos cambios pueden disminuir el efecto de sostén o soporte que tiene la uretra (tubo por el que sale la orina al exterior) y pueden empeorar el escape de orina. Sin embargo, condiciones como toser crónicamente por problemas a nivel pulmonar como el asma, enfermedad pulmonar crónica como bronquitis o enfisema, pueden producir mayor riesgo de padecer incontinencia urinaria.

Otras condiciones como el sobrepeso se han ligado directamente a la mayor frecuencia y severidad de la incontinencia urinaria de esfuerzo. En un estudio realizado por la Fundación Santa Fe de Bogotá en más de 1500 mujeres con incontinencia urinaria, se identificó el sobrepeso y la obesidad como un claro factor de riesgo que además aumenta el peligro de padecer una incontinencia más severa. Otros autores han demostrado que las pacientes obesas pueden tener menores tasas de éxito en la cirugía de incontinencia urinaria de esfuerzo, tema que aún está debate. El peso adicional al parecer, genera altas presiones en la vejiga y causa un incremento en la movilidad de la uretra causando incontinencia.

Estudios comparativos han demostrado que una reducción del 5% en el peso se puede traducir en una disminución hasta del 70% en la incontinencia. Esto también ha sido visto en los pacientes obesos que son llevados a cirugía de obesidad con el denominado “bypass” gástrico en los cuales también se ha observado reducción de incontinencia urinaria después de la cirugía.

Una población con alto riesgo de incontinencia son las mujeres deportistas de alto impacto. Esta población en especial tiende a tener mayor chance de incontinencia urinaria de esfuerzo, una incontinencia más severa y además a más temprana edad. También el tratamiento obliga a hacer procedimientos de mayor complejidad para asegurar mejoría de la incontinencia urinaria.

Investigadores noruegos evaluaron un grupo de mujeres deportistas de élite  a través de una encuesta encontrando que el 26% de ellas presentaban incontinencia urinaria de esfuerzo. Adicionalmente, el 49% también reportó tener algún desorden de alimentación.

Al parecer la actividad física no vigorosa como caminar o asistir de manera regular al gimnasio es un factor protector para la incontinencia. Esto quiere decir que es el el ejercicio físico vigoroso y excesivo es el que puede generar problemas más no la actividad física regular con moderación.

La recomendación para los pacientes que sufren de incontinencia urinaria asociada a esfuerzos o que tengan factores de riesgo como los que se han mencionado previamente, es entender que la incontinencia no es normal y que existen soluciones que no necesariamente implican procedimientos invasivos complejos. El tratamiento escalonado empezando con modificaciones de dieta y hábitos para orinar, así como el entrenamiento de los músculos del piso pélvico dirigidos por una fisioterapeuta, son el primer paso con el cual muchas personas van a mejorar.