Dejamos amigos y familia, cambiamos de escuelas, suspendemos pasatiempos, nos vamos a vivir a otros campos, ciudades o barrios; modificamos dietas y estilos de vida; creamos relaciones de pareja, las trabajamos y a veces renunciamos a ellas o se acaban; compramos y vendemos casas, carros, etc. En fin, esta dinámica nunca para y muchas veces es favorable y divertida, otras no. Vivir es, también, todo eso.

Esa realidad de cambio permanente en la vida es maravillosa, si la entendemos y aprovechamos. A veces, incluso tenemos la oportunidad de retomar cosas que hacíamos y nos convenían; de sustituir aquello que nos llevó a resignar algo que importaba y volvemos a incluirlo en nuestro mundo. Por ejemplo, yo dejé de jugar fútbol un tiempo y volví. Para ilustrar la trascendencia que ha tenido este deporte en mí, simplemente diré que el juguete que más recuerdo de niño (a los siete u ocho años), fue un balón de octágonos verdes y blancos, que lavaba con agua y jabón después de cada juego y me acompañaba a la hora de dormir, en mi cama. Un día, entonces, no recuerdo bien, me decidí; dejé de lado lo que fuera que se había interpuesto entre mi fútbol querido y yo y regresé a él, recuperando elementos claves que hacían falta en mi vida y me proporcionan bienestar.

Tarde o temprano, creo, todos consideramos retomar una actividad, una labor, un pasatiempo que practicábamos, nos beneficiaba y dejamos atrás. Algunas veces la decisión es claramente nuestra y en ocasiones, dicta la vida. Cuando uno se ve avocado o siente la urgencia, la inquietud, el interés o lo que sea de volver a ese terreno conocido y posteriormente abandonado, nada mejor que medírsele al reto y ver qué pasa. Igual, qué puede tener de malo volver a patinar, sentarse a escribir esos poemas que dominaba, bordar, tejer, cocinar, pintar, desempolvar la raqueta de tenis y jugarse un partido con un hijo, hacer un crucigrama, ir de nuevo al cine, al teatro, a una librería, jugar ajedrez, deshierbar el jardín, decorar el estudio, reunirse con los compañeros de colegio, perfeccionar su francés y no sé cuántas otras cosas más.

¿Le preocupa que su pasatiempo del ayer vuelva a gustarle como antes o un poco más? ¿No sería estupendo? Déjese llevar por este sano impulso, arriésguese con o sin temores. Sea lo que sea, aproveche el momento y láncese a la aventura. Haga los ajustes que deba para evitar problemas, pero no se limite sin razón. Ah y disfrútelo.